volver a casa
Había permanecido ilesa de la tormenta y se abría paso por la vereda al son de su playlist favorita, una de sus obras mejor elaboradas, con una perfecta combinación entre pospunk, tango y pop. Cruzaba la calle incómoda, sintiendo la lana mojada de su pullover rozando sus muñecas y la llovizna que garuaba tan tenuemente que terminaba por transformarse en un cosquilleo molesto en su rostro. “Preferiría que esta llovizna se me lanzara como un baldazo antes que este intermedio molesto. Mojame y listo, qué tanto” pensó, mientras un auto doblaba torpemente la esquina, salpicando el agua que la calle acunó al costado del pavimento y terminando de inundar sus zapatos. La noche, con su simbolismo cultural de “noche” montándose como un escenario de impunidades e impulsos, se volvía incluso más hostil con la presencia de la lluvia. Tan impredecible como impotente, se plantaba en la tierra queriendo demostrar su primacía de naturaleza pura e inquebrantable, que se apoderaba de lo que ocupaba...