Aprender a querer es como hacer un dibujito con la mano no-habil
Mi madre me enseñó primera acerca del querer. Con atención casi obsesiva, nerviosa, controladora y constante. Con una dedicación aturdidora, una mirada punzante y respuestas zigzagueantes. Se me viene a la mente una imagen: Siendo yo pequeña y estar apoyada en ella mirando la tele, agarrándonos de las manos y que ella apretara la mía con fuerza. El problema es que siempre se mantuvo las uñas largas y estas pinchaban mi palma. Yo dejaba que lo haga, porque me gustaba sentirla cerca y no quería que sintiera que no quería tomar su mano. Instintivamente, apretaba los ojos y hacía una mueca en silencio cuando me dolía. Sobre mi palma, sus uñas quedaban grabadas a presión. Mi madre aprendió de formas diversas acerca del querer. Se crió en una época distinta, en un territorio distinto, en un contexto socio-cultural distinto. Mi madre perdió a su madre cuando tenía menos de un año. Yo, a mis veintiseis tengo a mí madre frente a mí mientras descorchamos una botella de sidra después de cen...