Entradas

feliz legalidad

20-02-2017   Feliz cumpleaños drochit, te diría feliz legalidad pero sé que odias esa expresión así que: feliz legalidad. Qué sería de mi sin vos? Nada. Somos una. Te conozco como nadie te conoce y entiendo, fue un año de mierda. Pero también sé, que ningún año no fue una mierda y aún así seguis respirando. Te felicito, de hecho ahora mismo te haré un té de limón para festejar por cada trastabillar contra el adoquin que tuviste. Tuvimos, porque somos una.  Dormiremos juntas hasta poder abrazar ambas a una misma persona. Vos el brazo izquierdo y yo el brazo derecho, canto pri. Yo sé que ya no ves futuro pero fingiremos que está todo bien, como siempre. Este año va a ser el mejor y aunque no sea así, el 31 de diciembre a las 00:00 nos amargaremos y tendremos nostalgia del hoy. Por favor, respira hondo y no pienses en mañana. Corazón, no veas el mañana. Estamos acostumbradas a esperar un golpe en la pera contra la baldosa después de tomar un envión leve. Pero no importa, eso no i...

Equilibrista-Contorsionista

Imagen
  Detrás de sí no hay nada más que mugre, escombro, salpicaduras y ladrillos al desnudo. A tientas camina tratando de no rasgar la fina tela de sus medias de nylon. Vestiduras claras pisan cerámicas frías, resquebrajadas por el martillar, se vuelven puntiagudas y filosas. Sus palmas tersas sienten con detalle cada gran migaja de cemento que se desparramó por el piso, desesperado por pinchar y rasgar pieles. En el silencio, el escalofrío recorre lujurioso  desde su nariz hasta los dedos de sus pies, focalizándose en la boca de su estómago, meciéndose con el movimiento de la brisa, que en estado de alerta se hace presente cual ventarrón en temporada de Santa Rosa. Toma su temblar y lo reposa sobre un ladrillo hueco, dejándolo de lado encuentra la razón y el silencio necesario para empezar la performance. Equilibrista-contorsionista, se planta y actúa deformando sus cualidades antropomórficas, deshace sus extremidades y de la forma más lúdica, ejecuta su danza ancestral, heredada...

escenografía del hogar

  Desperté en una casa que ya no es mía. Estas paredes albergan recuerdos que ya no me sacian, olores que ya no me conectan, un suelo que ya no me sostiene, que se drena y no aguanta mi peso. Esta ropa ya no me recubre, ni me abriga, ni me acomoda. Este techo ya no me protege ni resguarda. Todo parece tan ajeno, tan de otro tiempo, atrasado. Todo lo vivo parece tan solo existente, automático, programado, genérico. Para verme en presente tengo que hacer fuerza mirando el pasado y la vista se cansa. Ahora descubro que las paredes son ojos que observan expectantes el detalle a juzgar y la burla fácil. Esta tela raspa, aprieta, lastima y por sobretodo, amolda. Como un torno a un trozo de madera, estiliza. Este techo me queda diminuto, hace que me encorve para no golpear mi cabeza con el cemento. Esta voz no es voz porque no se deja ser, tiende a agazaparse, suavizarse y repensar opciones menos controversiales. Esta voz es más silencio que voz. Esa puerta era imaginaria, nunca existió. ...

cómo preservar un relato

Imagen
  Intento invadir los bordes y surcar nuevos límites en mi existir, y en el proceso, retomo la paciencia de merodear en los conceptos supuestos pulcros, aquellos alcanzados y devorados por la academía y su ergo, masculinidad. Las definiciones que parecerían tan inquietantemente bien hechas, pulidas, sin hueco alguno, rellenas de una neutralidad objetiva, exacta y que aún así, pecan de incompletas. La historia es una serie de luchas de clases, leí de un tipo para una clase de la facultad y me causó gracia hacer la conexión con el texto más corto de la cursada, que titulaba “La cuestión de la mujer”. Tópicos y tópicos. En definitiva, deambulo lo suficiente porque de lo contrario, sería una real pena que en mi mente resuene sin cuestionamientos la Historia ligada al filósofo violador más reconocido, la guerra con más números de bajas o la Revolución ajena. De la historia de los hombres, plagada de violencias, hambrunas y fracasos, retomo como única afirmación que no me pertenece a mí ...

memoria lesbiana

  La curiosidad acumulada me hizo volver el tiempo atrás, obsesionada e impaciente por buscar pistas, hallazgos, pequeñas huellas que declaren y echen vistas de lo que soy hoy ¿Cómo una niña se logra reconocer lesbiana? Pregunto y entusiasmo la memoria.  Me recuerdo frente a la pantalla de tubo de la computadora de mesa que teníamos en casa, de esas pequeñas y anchas, donde con dificultad corría el Windows Xp. En momentos de aburrimiento reveía películas que atesoraba en DVDs. Veía con extraña regularidad King Kong, y a escondidas (a sabiendas de una peculiaridad, quizás inofensiva pero aún, detonante), volvía hacía atrás una y otra vez a la escena donde (ahora googleando descubro) Naomi Watts bailaba sobre un escenario vestida de traje, corbata y un mostacho de fantasía. Por dentro me excusaba, “Es que parece muchacho”. Me veo a mí misma repitiendo esa frase hacía dentro con otras varías mujeres que a simple vista, al menos de forma estética, rechazaban la feminidad. Quizás e...

lesbiana feliz

Imagen
  12 homenaje a mi yo pequeña a la que quisieron hacerle creer que  ser lesbiana era enfermedad muerte maldición tristeza odio a la que temió reconocerse  en lo que ellos llaman mal y pensó en buscar culpables para terminar encontrando libertad y cobijo

hollín nadador

  Este rincón de la cama apesta a un silencio oscuro que martiriza y diseca toda posible salvedad. Lo lúgubre impregnante de la sala se vuelve irrespirable y denso, casi tanto que se puede palpar y tomar con ambas manos. Toda pizca de oxígeno se engulle y aprovecha en segundos eternos. Llevo guardada entre mis dedos índice y pulgar, la posibilidad de crear algo revelador y yo, ególatra, juego con el tiempo pensando la excusa más ingeniosa para no avanzar. Este aire huele a naufragio, a tempestad hostil, a todos los gritos que no escuche gritar aunque provengan de mí. Sostengo en mi mano no-hábil un puñal hecho de porcelana fría, con el que pensé diseccionar aquella neblina que ciega y entumece, pero en el instante justo donde se debería dar el golpe certero, mi brazo se ablanda y entorpece, como si no tuviese motivo suficiente como para tirar por la borda toda la paciencia acumulada con pesar y sacrificio. Entonces decide esperar, somnolienta. Se oye a distancia la bruma sonora de ...